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Cáncer y osteoporosis. ¿Cuál es la evidencia?

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En IPEFC – Ejercicio y Cáncer basamos todo nuestro trabajo y la información que trasladamos en la más actual y objetiva evidencia científica. El sensacionalismo no forma parte de nuestros valores y por eso no generamos dudas ni hablamos de lo que no controlamos. Con motivo de algunas referencias expuestas por diferentes profesionales en líneas de comentarios en redes sociales en relación a la evidencia de la osteoporosis en el cáncer, afirmando que esta era «moderada» en base a lo publicado por la ACSM en 2019. Hemos querido analizar el tema en nuestro blog para que todas las personas que lo siguen tengan acceso a esta información

Evidencia del ejercicio físico en la osteoporosis en el cáncer

En relación a las guidelines publicadas por ACSM (2019) se deben tener en cuenta varias cosas que los que nos dedicamos al ejercicio y a la ciencia que justifica su implementación conocemos sobradamente. ACSM utiliza el modelo FITT (Frecuencia, Intensidad, Tiempo y Tipo de ejercicio) para determinar y controlar la dosis de entrenamiento y su respuesta. Este modelo está bastante obsoleto y genera una serie de problemas a la hora de controlar las variables utilizadas.

El análisis realizado por ACSM en 2019 establece una serie de criterios que hay que analizar y comprender en el contexto realizado. ACSM considera el nivel de «moderado» si al menos hay 5 RCT de alta calidad con más de 150 supervivientes incluidos, con heterogenedidad en los resultados pero con alta evidencia en población sin cáncer (como es el caso de la osteoporosis). Si además se puede establecer una recomendación basada en el modelo FITT se considera evidencia fuerte.

¿Es la evidencia moderada como indica la ACSM?

No podemos confundir el nivel de evidencia y el grado de recomendación (ver más) con de definición de «MODERADO» de la ACSM.

Por ello, ACSM Indica la necesidad de investigar más, pero NO INDICA QUE NO DEBA RECOMENDARSE, SINO LA IMPOSIBILIDAD DE FIJAR UNA PRESCRIPCIÓN BAJO EL MODELO FITT (lógico, dado los problemas que genera seguir este modelo).

Muchas personas conocen ACSM. No obstante, es importante señalar que no es la única institución que ha tratado este tema, ni tampoco la que mejor lo hace, desde hace ya tiempo.

¿Qué podemos concluir?

Dicho esto, vamos al grano. Via et al (2018) ya trataron este problema en una revisión sistemática y metanálisis en la que concluyen que los resultados debian analizarse con cautela, dada la heterogeneidad en las características de los participantes y los programas de ejercicio implementados, los cuales PODRÍAN NO HABER SIDO DISEÑADOS ESPECÍFICAMENTE PARA MEJORAR LA SALUD ÓSEA.

Determinar adecuadamente el nivel de evidencia debería realizarse en relación al tipo de cáncer, entre otros factores. En este sentido en los dos tipos de cáncer más relacionados con este efecto secundario (debilidad ósea), próstata y mama, existen estudios concluyentes al respecto, hecho que se constata de forma posterior a la publicación de la ACSM por Singh et al (2020) en otra revisión sistemática y metaanálisis. En esta concluyen que la participación en varios tipos de ejercicio (cardiovascular, de fuerza, concurrente y otros), tanto de forma supervisada como no supervisada, está asociado con mejoras significativas de la densidad mineral ósea. A partir de esos resultados los profesionales podrían recomendar la realización de ejercicio a supervivientes de cáncer para prevenir la pérdida y el deterioro del tejido óseo, durante y después del tratamiento.

La Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) desde 2013 incluye en sus guidelines al ejercicio como la primera intervención en pacientes con cáncer bajo terapia de deprivación hormonal. Su versión más reciente es la de 2020 donde este hecho sigue presente.

También en 2019, La Sociedad Australiana de Ejercicio y Deporte (ESSA) publicó su posicionamiento, incluyendo el ejercicio físico de fuerza y cardiovascular como parte del control y manejo de la pérdida de tejido óseo en personas con cáncer. Para ello tomaron como guía el posicionamiento específico para la osteoporosis, actualizado en 2017.

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