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Ejercicio de fuerza durante la terapia de privación hormonal en el cáncer de próstata

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En la entrada de esta semana y con motivo del mes de noviembre, vamos a acercarnos a un artículo que nos ofrece información de gran interés sobre el ejercicio físico y el cáncer de próstata. Como ya hemos analizado anteriormente en los blogs «Sarcopenia ¿Qué es? ¿Afecta al cáncer de próstata?«, «Ejercicio y biomarcadores en el cáncer de próstata ¿Qué relación poseen?» y “Densidad mineral ósea de columna y cadera ¿Qué sucede en personas con cáncer de próstata?” sabemos que la terapia de privación hormonal (ADT por sus siglas en inglés) puede tener una serie de efectos secundarios en el organismo que se pueden ver o no afectados por la práctica regular de ejercicio. En este sentido, esta vez, hemos querido acercarnos al trabajo de Hansen y colaboradores (1) donde evaluaron la diferencia que podía existir en hombres con cáncer de próstata que hacían ejercicio y que tenían ADT y aquellos que no tenían dicha terapia.

El ejercicio parece estar convirtiéndose en una de las intervenciones específicas que ayuda a mejorar la calidad de vida de las personas con cáncer (2), sus niveles de masa muscular y fatiga (3). Por otro lado, la ADT parece estar asociada a mayor riesgo de caída, pérdida de masa ósea y aumento de la masa grasa (4, 5). Teniendo en cuenta que las variables previamente comentadas tienen una gran relación con el mantenimiento de las funciones físicas y de la masa muscular Hansen y colaboradores quisieron ver si existía alguna diferencia entre personas con cáncer de próstata que realizaban ejercicio y además tenían ADT y personas que no tenían ADT.

Para ello seleccionaron a 10 hombres con un índice de entre 3+3 y 4+4 en la escala de Gleason (para más información clica aquí) y 5 de ellos recibieron ADT mientras que los otros 5 no. Todos ellos siguieron un programa de entrenamiento de 36 sesiones de entrenamiento durante 12 semanas. Los participantes debían entrenar 3 veces a la semana mediante ejercicios de carácter excéntrico. Las variables de volumen e intensidad de entrenamiento se midieron por:

Tiempo de entrenamiento:

  • Semana 1: 5-11 minutos
  • Semana 2: 12-20 minutos
  • Semana 3: 20 minutos
  • Semana 4: 20 minutos

Intensidad: Calculada en base a la escala de esfuerzo percibido (RPE):

  • Semana 1: Muy muy suave
  • Semana 2: Muy suave
  • Semana 3: Bastante suave
  • Semana 4: Bastante suave o un poco fuerte.

Además, se guardaban los datos relacionados con el trabajo de fuerza que realizaban por cada sesión calculado en kilojulios.

Como bien hemos comentado el objetivo de dicho estudio fue comprobar si existían diferencias entre los resultados de una persona con ADT y una sin ADT. Para ello usaron las variables de volumen y fuerza del cuádriceps, fatiga, calidad de vida y funcionalidad.

De los resultados de este estudio cabe destacar 3 diferencias entre grupos. Por ejemplo, en lo que a funcionalidad se refiere las personas con ADT obtuvieron mejores resultados que las personas sin ella (p = 0.01). Por otro lado, en cuanto al volumen muscular las personas sin ADT demostraron tener mejor resultado que las personas con ADT (p = 0.04). Para finalizar, y por raro que parezca las personas con ADT demostraron tener mejor resultado en fuerza isométrica que las personas sin ADT.

Estos resultados han de analizarse con suma cautela debido al pequeño número de participantes que había en el estudio y por tener una metodología cuanto menos cuestionable. Sin embargo, el mensaje que queremos trasladar es claro; ambos grupos, obtuvieron mejoras a nivel de todos los parámetros medidos, aunque algunos fueron mejores en un grupo que en otro. Por último, parece estar claro que las personas tanto con ADT como sin ella, son aptas para poder realizar entrenamiento de resistencia, siempre acompañados por un área médica y de ejercicio especializada. Para finalizar este mes, volveremos a hacer alusión al cáncer de próstata que es el segundo cáncer con más recurrencia en España en lo que llevamos de 2020 según la Sociedad Española de Oncología Médica.

Unai Perez de Arrilucea Le Floc’h

EQUIPO IPEFC

REFERENCIAS

1. Hansen PA, Dechet CB, Porucznik CA, LaStayo PC. Comparing eccentric resistance exercise in prostate cancer survivors on and off hormone therapy: a pilot study. PM&R. 2009;1(11):1019-24.

2. Galvao DA, Nosaka K, Taaffe DR, Spry N, Kristjanson LJ, McGuigan MR, et al. Resistance training and reduction of treatment side effects in prostate cancer patients. Medicine & Science in Sports & Exercise. 2006;38(12):2045-52.

3. Monga U, Garber SL, Thornby J, Vallbona C, Kerrigan AJ, Monga TN, et al. Exercise prevents fatigue and improves quality of life in prostate cancer patients undergoing radiotherapy. Archives of physical medicine and rehabilitation. 2007;88(11):1416-22.

4. Basaria S, Lieb J, Tang AM, DeWeese T, Carducci M, Eisenberger M, et al. Long‐term effects of androgen deprivation therapy in prostate cancer patients. Clinical endocrinology. 2002;56(6):779-86.

5. Bylow K, Dale W, Mustian K, Stadler WM, Rodin M, Hall W, et al. Falls and physical performance deficits in older patients with prostate cancer undergoing androgen deprivation therapy. Urology. 2008;72(2):422-7.

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